
Te doy gracias por todo lo que pones en mi corazón para que mi existir sea agradable a Tus ojos. Yo dependo de Tu dirección para seguir adelante y aunque tenga dificultades y contratiempos es Tu fuerza y Tu luz la que me mantienen con un espíritu tranquilo y optimista esperando siempre lo mejor de Ti, abandonado completamente en Tus brazos.
Tu sabes quienes te invocan con sinceridad y quienes solamente cuentan con Tu amor de Padre y esperan en Tu gran misericordia para que toda angustia sea removida de sus vidas. Te digo al oído: "recuerda que Tú conoces mis aflicciones, has visto mis dudas y mis quebrantos y solamente Tu amor me proporciona paz y seguridad”.
Cuídanos y protégenos esta noche, como lo has hecho hasta ahora. Tuyo es el poder y a Ti nos encomendamos conscientes de que te pertenecemos. Abrázame junto a Tu pecho. No te vayas, mi dulce Señor de Nazareth. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario